¡Socorro, una bolsa!

¿Cuántas veces hemos visto a alguien en la playa huyendo de una bolsa de plástico que, desgraciadamente, flota en el agua? Este acto suele finalizar entre risas y, en el mejor de los casos, con la bolsa siendo depositada en el contenedor correspondiente.

¿De qué tiene miedo la gente? De muchísimas cosas, pero en época de playa el miedo que más se acentúa es el que siente la mayoría de personas a ser picado por una medusa.

Las medusas pertenecen al filo de los Cnidarios, estos animales no tienen una cabeza definida (esto a la gente le da bastante miedo, estamos acostumbrados a tratar a diario con seres con cabeza), tampoco tienen sistema nervioso central (SNC), excretor, ni respiratorio (esto son generalidades, siempre hay excepciones, algunas cubomedusas si poseen SNC e incluso “ojos”, por ejemplo). Vamos, que se parecen más bien poco a nosotros y el antropocentrismo hace que esto le cause rechazo a la mayoría de la gente.

Pero los Cnidarios son animales muy interesantes, diversos y de una gran belleza. Estos seres están configurados según dos tipos básicos de organización: el desconocido pólipo y la temida medusa. Intentaremos conocer al primero y perderle el miedo excesivo a la segunda, siempre respetando su espacio, obviamente jugar con una medusa no es buena idea.

Los pólipos son sésiles (se fijan al sustrato y de ahí no se mueven) de forma tubular, con un extremo cerrado (pie) y otro con una abertura al exterior denominada estoma o boca. Alrededor de la boca suele haber numerosos tentáculos. ¿Os suena? Los habéis visto en la gran pantalla: la casa de Nemo es una anémona y, sorpresa, las anémonas son pólipos, más adelante volveremos a hablar sobre esta peculiar relación.

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Las medusas son nadadoras gelatinosas con el cuerpo formado por una “sombrilla”, la umbrela (con tentáculos en su borde) y un manubrio más o menos largo, en cuyo extremo se encuentra el estoma (boca), habitualmente rodeado de tentáculos.

En la epidermis de estos animales hay células llamadas cnidocitos, se caracterizan por tener cnidos (extrusomas, orgánulos que expulsan sustancias al exterior). El tipo de cnido más frecuente es el llamado nematocisto, este lleva sustancias urticantes (que producen escozor, vamos, que no es nada agradable). El nematocisto es una cavidad llena de líquido que está cerrada por un opérculo (puertecita) que se relaciona con un cnidocilo (cilio especial), cuando este último es tocado se abre el opérculo y un filamento cargadito con las sustancias urticantes sale disparado clavándose en el objetivo (una presa, un depredador o, en el peor de los casos, tú).

El ciclo biológico de los Cnidarios suele tener una fase pelágica (medusa, en el agua) y una fase bentónica (pólipo, en el sustrato), a veces falta una de las dos fases del ciclo. La reproducción de estos animales puede ser asexual (por gemación en pólipos) o sexual (en todas las medusas y en algunos pólipos). Dentro del Filo Cnidarios podemos distinguir varias Clases.

La Clase Hidrozoos consta de Cnidarios solitarios o coloniales, con alternancia de generaciones: pólipo y medusa, pero esta última fase puede faltar. Hay especies marinas y de agua dulce, parecen ser los cnidarios más primitivos.

Un ejemplo es la hidra de agua dulce, no tiene fase de medusa, se multiplica por gemación y posee también una gónada que en caso masculino producirá espermatozoides y en caso femenino óvulos.

Otro ejemplo, este mucho más molón que el anterior, es la carabela portuguesa (Physalia physalis). Se trata de una colonia flotante de pólipos y medusas que pasan a denominarse hidroides, uno de ellos, el neumatóforo, se encarga de la flotación de la colonia. Su vela gelatinosa flotante le permite ser impulsada por el viento y las mareas para recorrer los océanos, mientras que por debajo de la superficie cuelgan numerosos y largos tentáculos provistos de cnidocitos que utilizará para atrapar a sus presas.

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Imagen 2. Physalia physalis, ilustración de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

El veneno de la carabela portuguesa es muy potente y puede causar la muerte en humanos, de modo que acercarse y acariciarla no es nada recomendable.

La Clase Escifozoos está formada por cnidarios solitarios, todas las especies son marinas. Tienen alternancia de generaciones y las medusas son de un tamaño considerable, bastante mayor que el de las hidromedusas.

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Imagen 3. Arriba Chrysaora fuscescens, abajo Chrysaora colorata, ilustraciones de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

El ciclo biológico en esta clase de cnidarios se caracteriza por un proceso llamado estrobilación, pero vayamos por partes: en primer lugar, la larva de la medusa (llamada plánula) se fijará al sustrato y formará un diminuto pólipo con tentáculos, este recibe el nombre de escifistoma y es el que llevará a cabo el proceso de estrobilación, empieza a dividirse y a formar individuos dando lugar a una estructura similar a un montón de platos, cada individuo (“plato”) se soltará y dará lugar a una pequeña medusa llamada éfira. Es un proceso espectacular, os animo a que lo veáis en video y, si tenéis dinero como para permitiros un equipo de buceo completo y un viaje a un lugar donde se de este fenómeno para ir en el momento justo en el que se liberen las éfiras, también os animo.

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Imagen 4. Ciclo biológico de los escifozoos, ilustración de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

A la Clase Cubozoos pertenecen cnidarios solitarios, con el estadio de pólipo reducido y la medusa con la umbrela cúbica (seguro que nadie se lo esperaba). Todas las especies son marinas. Poseen unos engrosamientos en 4 de las esquinas del “cubo”, se denominan pedalias y a partir de ellas surgen tentáculos plagados de cnidocitos.

A esta clase de cnidarios pertenece la avispa de mar (Chironex fleckeri), uno de los animales más letales del planeta (principalmente se encuentra en Australia, donde casi todo es letal).

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Imagen 5. Chironex fleckeri, ilustración de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

La última clase que mencionaremos es la Clase Antozoos, son cnidarios que presentan exclusivamente estadio de pólipo, vamos, que no hay fase de medusa y no pueden parecerse a una bolsa flotando. Son solitarios o coloniales.

A esta clase pertenecen las anémonas que mencionamos anteriormente. Pues bien, la anémona en la que viven los peces payaso (Amphiprion ocellaris), incluido Nemo, es Heteractis magnifica y, obviamente, posee cnidocitos, es más, utiliza los cnidocitos de sus tentáculos para cazar peces, crustáceos y otros pequeños animales de los que se alimenta.

Sabiendo lo anterior ¿por qué “Buscando a Nemo” no es una película de hora y media en la que vemos a un pez payaso siendo arrastrado por los tentáculos de Heteractis magnifica hasta su cavidad gastrovascular? La respuesta está en la mucosa superficial que cubre las escamas de los peces payaso, es una capa de mucus gruesa y espesa que no desencadena el ataque de los nematocistos, por lo que puede establecerse una relación de mutualismo en la que la anémona le ofrece al pez payaso refugio y un lugar idóneo para realizar las puestas, a cambio el pez payaso mantiene a la anémona impoluta.

Ya somos unos auténticos expertos en cnidarios, ahora bien, ¿por qué aparecen esos grandes afloramientos de medusas que aterrorizan a los bañistas en verano? Por nuestra culpa principalmente, me explico: las medusas tienen depredadores naturales, las más importantes son las tortugas marinas, unas auténticas expertas en comer medusas, pero no son demasiado inteligentes y suelen confundirse y comer plástico, lo cual les puede acarrear la muerte, algo similar ocurre con varias especies de peces predadoras de medusas. Cada vez que un trozo de plástico llega al mar estamos ganando puntos para que en verano recibamos un regalo en forma de picadura de medusa. El calentamiento global también tiene parte de culpa, pero no deja de ser un proceso natural que nosotros estamos acelerando.

No podemos poner fin al artículo sin contaros un par de curiosidades:

  • Resulta que en Cádiz (España) cuando vas a un bar verás a gente comiendo ortiguillas, pues bien, se trata de anémonas de la especie Anemonia sulcata, se enjuagan bien, se rebozan en harina y se fríen en abundante aceite de oliva, un auténtico manjar que os recomiendo que probéis si visitáis esta maravillosa ciudad.

  • Seguro que habéis visto a vuestra abuela/tía/madre/suegra alardear en las reuniones familiares de sus “pendientes de coral rojo”. Los corales no son más que cnidarios de la Clase Antozoos que sintetizan una estructura calcárea que los recubre para protegerse. El coral rojo es la especie Corallium rubrum y por culpa de sus usos en joyería y de los homeópatas (gente mala que cree en cosas que no tienen ninguna lógica) sus colonias están desapareciendo a una velocidad alarmante.

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Imagen 6. Corallium rubrum en su hábitat, así está mucho más bonito que en la oreja de tu abuela.

Hasta aquí el artículo sobre cnidarios, como habéis podido comprobar son animales entrañables y bellos a partes iguales. Respetadlos, observadlos en la distancia y con precaución, pero no los demonicéis.

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