Ingenieros moleculares – los ribosomas

La información para formar cualquier ser vivo y otros seres en el borde de la vida (virus, viroides, satélites… etc) se basa en una secuencia de 4 moléculas que se pueden representar con 4 letras (A, adenina; G, guanina; C, citosina y T; timina o, en su defecto, U, uracilo), estos forman el material genético, ya sea ADN (con T) o ARN (con U). En los organismos celulares, estos que metemos en el grupo de “vivos seguro”, podemos encontrar bacterias, plantas, algas, hongos, animales (entre ellos nosotros)… Y todos tenemos nuestro “libro de instrucciones” escrito en A-G-C-T (ADN). Cuando necesitamos tomar esta información para hacer alguna de nuestras “piezas”, nuestras células copian ese capítulo del libro que necesita en un lenguaje A-G-C-U (ARN).

Bueno, pues a principios de este mes se publicó en Molecular Cell un trabajo en el que determinaban que la maquinaria (ribosomas) que es capaz de transformar este ARN en las piezas que nos forman (las proteínas) no son universales.

Captura de pantalla de 2017-06-26 12-16-42

Imagen de un modelo 3D de un ribosoma donde vemos la copia en ARN (ARN-mensajero), la molécula que ayuda al ribosoma a descodificar el lenguaje desde ARN a aminoácidos (ARN-transferente) y la proteína naciente. Además vemos como el ribosoma se compone en organismos con núcleo (eucariotas; plantas, animales, hongos, protozoos y protofitas) de 2 partes; 50S y 30S. Imagen modificada del Centro de Biología Molecular del ARN en Santa Cruz, California.

 

El pensamiento clásico era que los ribosomas eran moléculas que tomaban esta copia en código ARN lo descodificaban y lo convertían en proteínas, pero en estudios recientes del departamento de genética de la Universidad de Stanford se vio que existía una especialización, es decir, no eran las mismas máquinas las que servían para hacer las diferentes proteínas que nos forman. Si lo trasladamos a un ámbito como la ingeniería humana, se ve como algo lógico que la fábrica de coches tenga diferentes máquinas que la fábrica de móviles o zapatos, pero a nivel celular, al estar todo compuesto por una serie de piezas similares (los 20 aminoácidos que componen nuestras proteínas), se pensaban que estas maquinarias también lo eran. Estos descubrimientos abren un nuevo punto de vista sobre la regulación genética de los organismos que se puede trasladar desde el conocimiento académico básico hasta su uso como dianas terapéuticas, lo que sería complicado, ya que a pesar de ser diferentes, puede que no lo sean tanto, pero todo está sujeto a estudio.

Esto nos muestra lo mucho que nos queda por descubrir, no sólo en nuestro planeta, sino en nosotros mismos, y que no hace falta pasar de los límites de nuestro planeta para descubrir cosas nuevas. A pesar de los que algunos digan, ni todo está inventado ni lo que lo está se conoce a la perfección. ¡Mucha curiosidad y ganas de aprender!

Para más información os dejo la nota de prensa de Science y el artículo original.

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