La química antes del átomo: La alquimia en Europa. Primera parte. La influencia árabe y el rechazo de lo griego.

   Cuando se habla de la alquimia, hay mucha gente que piensa en ella como algo místico, mágico, espiritual, o incluso divino. Incluso he escuchado a gente más escéptica negar que la alquimia es un precedente de la química, creyendo que únicamente consistía en dicha faceta “mágica”.

    Mas la diferencia real no se encuentra entre la alquimia y la química, ya que incluso en los principios de la química como tal se hablaba de los elementos griegos, los principios alquímicos, y algunas teorías tan “disparatadas” como el flogisto, tema ya discutido en otro artículo. El antes y después real lo podemos marcar entre la química y la química moderna con Lavoisier.

    La alquimia en un sentido más místico se le atribuye principalmente a los textos de los españoles Arnaldo de Vilanova (1240-1311) y Raimundo Lulio (1232-1315), cuyos trabajos estaban muy basados en la idea de la transmutación, aunque no es totalmente seguro que ellos fueran los verdaderos autores.

    Sin embargo, aunque es cierto que existían estos “alquimistas” místicos, la alquimia también poseía una faceta científica, y durante su época se consiguieron muchos avances de gran importancia.

   El término alquimia procede de la al-kimiya árabe, cultura que consiguió gran cantidad de avances en este campo. A causa de las cruzadas, durante casi dos siglos consecutivos existió un dominio cristiano en la costa siria, a la vez que los españoles iban reconquistando paulatinamente el territorio perdido previamente ante el islam. Esto creó una cierta fusión cultural y una apreciación hacia la ciencia árabe y a la brillante civilización morisca que se había desarrollado en España.

     A pesar de la aversión entre las culturas, surgió un movimiento para traducir al latín sus textos, con objeto de ser estudiados por los europeos, siendo el humanista francés Gerbert, futuro papa Silvestre II, uno de los primeros defensores del movimiento. A partir del 1200, aproximadamente, los escolásticos europeos empezaron a estudiar los hallazgos de los alquimistas pasados e intentar avanzar con ellos.

   Alberto de Bollstadt, más conocido como San Alberto Magno (1200-1280 aproximadamente), es considerado el primer alquimista europeo de importancia, quien describió con gran claridad el comportamiento del arsénico en sus experimentos. Roger Bacon (1214-1292), contemporáneo de Alberto Magno, y quien intentó escribir una enciclopedia universal del saber, ya en su época, creía fervientemente que en la experimentación y en la aplicación de técnicas matemáticas a la ciencia residiría principalmente el progreso, pero la sociedad europea no estaba aún preparada para aceptarlo.

   El alquimista medieval considerado de mayor importancia no es conocido por su nombre real, escribió alrededor de 1300, y probablemente de procedencia española, utilizaba el seudónimo Geber, nombre de un alquimista árabe que vivió dos siglos antes. Este falso Geber fue el primero en describir el ácido sulfúrico y la obtención del ácido nítrico fuerte. Dichos ácidos se obtenían de minerales, mientras que los conocidos anteriormente eran de procedencia orgánica, como el vinagre, y permitían llevar a cabo muchas reacciones, y disolver muchas sustancias, que ni los griegos ni los árabes podían conseguir con el ácido más fuerte de que disponían, el acético.

    Aunque dichos ácidos minerales eran mucho más importantes para la sociedad, debido a la naturaleza humana, su descubrimiento no causó mucha expectación, mientras que la transmutación de cualquier mineral a oro siguió buscándose de una manera obsesiva, tanto por charlatanes, como por grandes eruditos, provocando una degeneración de la alquimia tras un prometedor comienzo, así como ocurrió con los griegos y con los árabes, y así como ocurrirá con otros grandes eruditos futuros como Boyle y Newton en el siglo XVII.

    Aclarar que en el momento se creía que cualquier sustancia estaba formada por los cuatro elementos griegos, aire, agua, fuego y tierra, y por los tres principios, azufre, mercurio y sal, en diferentes proporciones, por lo que el convertir cualquier mineral a oro consistiría simplemente en modificar las proporciones de composición de un mineral hasta que tuviera las proporciones del oro, por lo que, en teoría, sería posible conseguir tal hazaña de manera experimental.

      Esto llevará a que la alquimia sea prohibida, por miedo al éxito de la obtención de oro, el cual perdería su valor si se consiguiera. El papa Juan XXII la declaró como algo maldito y motivo de excomunión en 1317, obligando a los alquimistas honrados a trabajar a escondidas. Teniendo en cuenta también la destrucción de documentos del saber por los saqueos de los cruzados, y las constantes guerras, fue una difícil época para la alquimia.

    Sin embargo, aún con todas las complicaciones, los europeos estaban descubriendo muchos hechos desconocidos por los grandes filósofos griegos, no sólo en la alquimia, también en otros campos, como la navegación por ejemplo, con el descubrimiento nuevas rutas y la brújula. Debido a esto empezó a surgir la idea de que los griegos, al fin y al cabo, no eran superhombres omniscientes, destruyendo así un bloqueo psicológico, y empezando a cuestionar sus antiguos hallazgos.

   En esta “Era de la Exploración”, el inventor alemán Johann Gutenberg (1400-1468) diseña la primera imprenta práctica, permitiendo por primera vez en la historia producir libros económicos y en gran cantidad, evitando el problema de que textos con ideas poco populares fueran ignorados por pensadores ortodoxos, y olvidados por falta de alguien encargado de copiarlos.

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Johann Gutenberg (derecha) y su imprenta

    Uno de los primeros textos impresos fue el famoso poema de Lucrecio De Rerum Natura (Sobre la naturaleza de las cosas), en el que expone la teoría atomista de Epicuro y Demócrito, difundiendo así la concepción atomista por toda Europa.

     En 1543 se publican y distribuyen dos textos revolucionarios. Uno de ellos de Nicolás Copérnico, en el que mantiene que la Tierra no es el centro del universo, sino el Sol. El otro, del anatomista flamenco Andreas Versalius, describe la anatomía humana con gran exactitud, basado únicamente en sus observaciones, y descartando creencias de fuentes griegas.

     Este rechazo simultáneo a las creencias griegas astronómicas y biológicas provocaría una revolución científica, que, aunque no tuvo una gran influencia en la alquimia, sí que llevó a avances en aspectos mineralógicos y médicos de la misma.

Segunda parte: La química antes del átomo: La alquimia en Europa.Segunda parte. La medida, los gases, y el fin de la alquimia

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