LA RESISTENCIA A LOS ANTIBIÓTICOS

¡Hola amigos de CurioBlogsite!  Hoy nos hemos tomado un café con la delegación de Jóvenes investigadores de la Sociedad Española de Microbiología (JISEM). Una idea que, como ellos mismos cuentan, ha surgido con la idea de promover, divulgar y facilitar el acceso a la investigación en Microbiología a los jóvenes. En el café de este mes, la JISEM nos habla de una de las pocas temáticas que suenan últimamente en los medios de comunicación: “la resistencia a los antibióticos”. Aquí os dejamos con su colaboración:

Si te gusta el cine de superhéroes quizás hayas visto la película “X-MEN: Días del futuro pasado”. En ella, aparecen unas máquinas llamadas centinelas, diseñados como el arma perfecta para acabar con los superhéroes. ¿Cómo? Pues porque no poseen UN superpoder, sino que son capaces de ir adaptándose y desarrollando nuevos superpoderes cada vez que se enfrentan a un enemigo, para después aniquilarlo.

¿Te parece ciencia ficción? Pues no se encuentra muy lejos de la realidad en la que nos encontramos actualmente con las bacterias, microorganismos responsables de muchas de las enfermedades más conocidas: tuberculosis, cólera, sífilis, gonorrea, meningitis, infecciones hospitalarias, etc. Para combatir estas enfermedades, la mejor arma del que disponemos son los antibióticos. Pero la utilidad de estos está cada vez más en peligro. Déjanos que te expliquemos por qué.

Mientras que un ser humano necesita, de media, unos 25-30 años para tener descendencia y para que aparezca en esta alguna posible mutación, cada bacteria es capaz de dividirse en dos bacterias hijas en tan solo 20 minutos. Es decir, que en menos de 24 horas tendrás una nueva población de millones de bacterias. Es fácil que, por puro azar, hayan surgido mutaciones (alteraciones de su ADN) en varias de estas bacterias. Muchas de estas mutaciones pueden ser insignificantes, otras incluso perjudiciales, pero algunas aportarán a la bacteria alguna ventaja, como puede ser sobrevivir a mayor o menor temperatura, radiaciones o, he aquí el problema, resistir a la acción de un antibiótico frente al que antes la bacteria perecía. Como sus bacterias vecinas no portan la mutación, van a ser eliminadas del medio, dejando sola a la bacteria resistente para que pueda reproducirse masivamente y diseminarse. Así es como acaba de surgir una bacteria resistente a los antibióticos.

Pero, además, las bacterias presentan otra particularidad, y es que son capaces de intercambiar genes (“información”) entre ellas de forma prácticamente instantánea. Es decir, que cuando una bacteria está siendo atacada por un antibiótico, su vecina puede transmitirle ese mecanismo que le permite volverse resistente, acelerando por tanto la aparición de bacterias superresistentes. ¿Ciencia ficción?

Enseguida estarás pensando que, entonces, desde que Alexander Fleming descubrió la penicilina hace 90 años, hemos tenido mucho cuidado con hacer un uso prudente de los antibióticos, asegurándonos que no exponemos a las bacterias a los mismos sin control, para que estas no evolucionen y se vuelvan resistentes… Te equivocas. Con la aparición de los antibióticos, creímos que habíamos encontrado la panacea. De repente, podíamos tratar un sinfín de problemas médicos que antes eran incurables, empezamos a realizar trasplantes y cirugías complicadas sin riesgo de que el paciente muriera de septicemia (infección generalizada del cuerpo). Así que comenzamos a utilizar estos fármacos de forma descontrolada, administrándolos “por si acaso” cuando no era necesario, tomándolos aun cuando el médico no nos los prescribía o dejando de tomarlos a mitad de tratamiento cuando ya nos sentíamos mejor.

Y peor aún, hicimos lo mismo en el sector veterinario y ganadero. Los animales empezaron a recibir dosis regulares de fármacos antimicrobianos no solo para evitar que enfermaran, sino porque se observó que tenían un efecto pro-engorde en nuestros animales de abasto.

 

Con ello, llevamos décadas acelerando la evolución de las bacterias y “armándolas” frente a todo nuestro arsenal antibiótico. ¿Y por qué no diseñamos nuevos antibióticos? Simplemente porque ya no somos capaces. Durante los años 60 y 70, la resistencia a los antimicrobianos era ignorada porque constantemente aparecían en el mercado nuevas moléculas. Pero a día de hoy, esa posibilidad está prácticamente agotada y, además, la mayoría de las empresas farmacéuticas han abandonado la línea de investigación de nuevos antibióticos ante la escasa perspectiva de beneficios (piensa que, incluso diseñando un nuevo antibiótico efectivo, cada paciente lo tomará apenas 1 o 2 semanas en su vida, frente a los fármacos utilizados de forma indefinida para combatir el SIDA, diabetes, etc.).

Por tanto, ¿cuál es la perspectiva? A día de hoy, las bacterias multirresistentes causan 34000 muertes anuales solo en la Unión Europea. Pero las estimaciones apuntan a que en 30 años serán responsables directas de más de 10 millones de muertes al año…más que cualquier otra enfermedad en el mundo.

¿Y qué podemos hacer, entonces? Por tu parte, procura hacer un uso prudente de los antibióticos, NO los tomes sin receta médica expresa y NO dejes el tratamiento a medias. Por parte de los gobiernos, hace falta LEGISLAR para evitar un mal uso de los antimicrobianos (por ejemplo, en la Unión Europea ya está prohibido el uso de los mismos para el engorde de los animales), INCENTIVAR la investigación de nuevas formas de lucha contra las bacterias (por ejemplo, con el diseño de vacunas) y DIVULGAR a la sociedad la gravedad de este problema y cómo podemos combatirlo

La alternativa sería, como en X-MEN, retroceder en el tiempo para solucionar el problema… pero (de momento), eso sí es ciencia ficción.

 

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