Genios invertebrados

Desde muy pequeño mi padre me inculcó el amor por el mundo marino, con 7 aguantaba excursiones de snorkel de más de dos horas y con 9 años ya era capaz de “ver” a los protagonistas de este artículo.

Aún recuerdo la primera vez, era agosto del año 2003, en Mezquitilla. Mis padres me observaban desde la orilla mientras yo exploraba, las gafas de buceo me cubrían toda la cara, una herencia de un tío de mi padre que aún, a día de hoy, conservo y utilizo.

No llevaba aletas, neopreno, ni tubo, con las gafas me bastaba. Me divertía observando a un ejemplar de vaquita serrana (Serranus scriba), un precioso pez de la misma familia que los meros.

El hecho de tener que sacar la boca del agua para respirar hacía que mi observación del fondo marino fuese intermitente. En una de las veces que hundí la cabeza lo vi, un pequeño pulpo, de aproximadamente medio kilo, que en aquel momento me pareció enorme. El animal se percató de mi presencia, enrolló sus tentáculos hacia atrás con la intención de parecer más grande y adquirió un tono blanquecino amenazante, levanté la cabeza para respirar y cuando volví a fijar mi vista donde lo había visto solamente encontré los restos en suspensión de una nube de tinta.

Con los años mi vista se ha ido entrenando y actualmente no solamente veo pulpos con facilidad, además se dónde buscarlos, ya que conozco con detalle sus rastros y hábitos.

La interacción con estos peculiares animales, siempre desde el respeto y sin lastimarlos, me ha regalado tantos buenos momentos que creo que se merecen un artículo exclusivo para ellos, los cefalópodos, los moluscos inteligentes.

Estos invertebrados están presentes en el planeta desde el Cámbrico, algunos de ellos, como los Ammonoideos, se extinguieron en el Cretácico. Son los moluscos con mayor capacidad y variedad de movimientos, su sistema de locomoción más importante es la propulsión a chorro, pudiendo algunas especies alcanzar grandes velocidades, otras se decantan por desplazarse por el fondo marino caminando con sus tentáculos o por dejarse arrastrar por las corrientes.

La dieta de los cefalópodos suele componerse de crustáceos, peces y moluscos. El canibalismo es frecuente. Cuando la presa es capturada un veneno neurotóxico producido en las glándulas salivares del cefalópodo la paraliza, entonces es conducida hacia un pico quitinoso para ser troceada y arrastrada hacia el esófago del depredador por una rádula.

Son unos grandes cazadores ya que poseen órganos sensoriales muy desarrollados, destacando los ojos, cuya estructura es similar a la de los ojos de vertebrados.

Los cefalópodos son, con diferencia, los invertebrados más inteligentes. Esto se debe a que poseen un cerebro complejo, resultado de la fusión de numerosos ganglios nerviosos, esto les permite desarrollar conductas elaboradas y flexibles, demostrando su gran memoria y capacidad de aprendizaje a la hora de resolver problemas sencillos.

La fama de los cefalópodos se debe principalmente a que son maestros del camuflaje, pueden cambiar de color, forma e incluso textura. Esto es posible gracias a la presencia cromatóforos, células con pigmentos bajo control nervioso, que según se contraigan o se expandan modifican el color. Se sutilizan para el reconocimiento entre individuos durante la época de reproducción y para mimetizarse con el entorno con el fin de pasar desapercibido ante posibles depredadores, aunque si el camuflaje no es suficiente expulsarán una nube de tinta.

Los cefalópodos son dioicos, hay machos y hembras. La fecundación se realiza normalmente en la cavidad corporal de la hembra. Todos los cefalópodos, excepto Nautilus, tienen un único ciclo sexual, es decir, solo se reproducen una vez y poco tiempo después morirán. Las hembras de algunas especies seguirán vivas mientras tengan que cuidar de los huevos, es el caso de los pulpos. Los recién nacidos serán similares a los adultos, no hay metamorfosis.

Los Nautilus son fósiles vivientes, conservan una concha externa subdividida en cámaras con tabiques cóncavos. El animal vive en la última y más grande cámara de la concha, el resto de cámaras sirven para regular la flotabilidad, ya que realizan importantes migraciones verticales durante la noche.

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Imagen 1. Un ejemplar de Nautilus, ilustración de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

La gran mayoría de cefalópodos actuales poseen concha reducida, interna o simplemente carecen de concha. Es el caso de sepias, calamares y pulpos.

Las especies de sepia más grandes alcanzan los 40 cm de longitud, otras apenas llegan a los 8 cm, es el caso de Metasepia pfefferi, la única especie de sepia venenosa. Suelen vivir en fondos poco profundos y praderas de algas por las que se desplazan ondulaciones progresivas de los pliegues laterales del manto o expulsando aire de la cavidad paleal si se sienten amenazadas.

El rasgo distintivo de las sepias más destacable es la famosa “pluma de sepia”, un hueso de carbonato cálcico usado tradicionalmente como aporte de calcio para aves de compañía. La función real de este hueso es similar a la de la vejiga natatoria de peces, es decir, regular la flotabilidad del animal al llenarse o vaciarse de gas y líquido.

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Imagen 2. Esquema básico de una sepia, ilustración de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

Los calamares son los cefalópodos más voraces, rápidos y que alcanzan mayor tamaño. Aunque la mayoría de especies no miden más de 60 cm, en 2003 se descubrió un ejemplar de Mesonychoteuthis hamiltoni de 14 metros de longitud, convirtiéndose en el invertebrado más grande del mundo. Estos grandes animales han alimentado durante siglos la literatura y folclore tradicional, ya sea atacando y hundiendo barcos o librando colosales batallas con su depredador natural, el cachalote.

Los calamares no son peligrosos, aunque algunas especies pueden ser agresivas bajo ciertas circunstancias, es el caso del calamar de Humboldt, Dosidicus gigas, apodado “demonio rojo”. Realmente la forma más sencilla de estar cerca de un calamar de Humboldt es pedirlo cortado en aros y frito en un bar, ya que es una de las especies más comercializadas.

Los pulpos son mis favoritos, auténticos genios de la naturaleza. Su capacidad de resolver problemas e incluso memorizar patrones ha dejado boquiabiertos a los científicos durante décadas, esto se debe a que son los invertebrados con mayor desarrollo del cerebro.

El pulpo mimo, Thaumoctopus mimicus, es capaz de aprender e imitar el comportamiento de otros animales, normalmente venenosos, con el fin de confundir a posibles depredadores y evitar posibles ataques.

Si a un pulpo en cautividad se le pone un cangrejo dentro de un tarro en su acuario, aprenderá a abrir el tarro para comerse al cangrejo.

Son grandes escapistas, un pulpo llamado Inky fue capaz de fugarse del Acuario Nacional de Nueva Zelanda y volver al mar, aprovechó un descuido del personal encargado del mantenimiento de su acuario para salir por un desagüe de su tanque, posteriormente se deslizó bajo el suelo por una tubería de 15 cm de diámetro y 50 m de largo que desembocaba en el mar.

A la hora de cazar pueden tender emboscadas deslizándose sobre sus presas o moviendo alguno de sus ocho tentáculos a modo de gusano para atraerlas.

Los pulpos no son peligrosos para el ser humano, su carácter tímido y precavido hace que pasen la mayor parte del tiempo escondidos en grietas. Incluso la especie más grande, Enteroctopus dofleini, que puede alcanzar un tamaño de más de 6 m se muestra asustadiza ante la presencia de buceadores. Las únicas especies que pueden conllevar riesgo si se las manipula son las del género Hapolochlaena, los pulpos de anillos azules, cuyo veneno puede matar a una persona en pocos minutos. Definitivamente los cefalópodos son animales impresionantes que merecen todo nuestro respeto y admiración.

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Imagen 3. Ilustración de un pulpo del género Hapolochlaena, propiedad de Aynhoa Janira Gómez Ollé.

Desgraciadamente el furtivismo y la pesca descontrolada ha mermado enormemente la población, a día de hoy resulta complicado poder disfrutar de la presencia de pulpos mientras se practica snorkel o cualquier modalidad de buceo.

¿La solución? No pescar, comprar ni consumir pulpo durante los meses en los que las hembras están encuevadas y denunciar a las autoridades competentes la presencia de furtivos, son fáciles de reconocer, suelen llevar un gancho o tridente con el que pinchan a los pulpos para sacarlos de sus cuevas, otros utilizan “pulperas”, una especie de tabla con múltiples ganchos y cebo.

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