Conejos, esos adorables y problemáticos animalitos.

Noticia del periódico El País del pasado 26 de Mayo del 2017.

“Las autoridades australianas han liberado por todo su territorio una cepa mortífera de un virus para arrasar sus poblaciones salvajes de conejos. El patógeno, causante de la enfermedad hemorrágica, es tan letal como el ébola y tan contagioso como la gripe. En solo un par de meses, el virus ha eliminado el 42% de los ejemplares silvestres, según las cifras preliminares del Gobierno de Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de Australia”.

Conejos letales para fauna y flora

Hasta finales del siglo XVIII, ningún conejo había saltado nunca en suelo australiano. En octubre de 1859, el adinerado colono Thomas Austin liberó en la naturaleza a 24 conejos salvajes que se había hecho enviar de Inglaterra para poder retomar en el nuevo continente sus hábitos de caza. La idea fue desastrosa y desde entonces se desató una guerra que dura hasta hoy.

En pocos años, los conejos salvajes invadieron el hábitat de muchas otras criaturas, especialmente en la parte sur de Australia. Se comían el forraje de los animales nativos y les ocupaban sus madrigueras, causando la extinción de muchas especies endémicas e incluso la destrucción de bosques enteros.

Los roedores, de hecho, comen los brotes jóvenes, de modo que cuando los árboles adultos mueren no son sustituidos de forma natural, esto provoca un grave fenómeno de erosión del suelo y las consecuencias ambientales que conlleva.

Remedios que se tuercen en problemas

En los años 20, la población de conejos alcanzó un pico de 10 mil millones de individuos, una verdadera peste que empujó a las autoridades australianas a organizar iniciativas de todo tipo para luchar contra esta especie de plaga bíblica. Empezaron con importar a sus enemigos naturales: los zorros. Estos, sin embargo, descubrieron que cazar a los lentos marsupiales nativos, era mucho más cómodo y dejaron en paz a los rápidos conejos.

Al igual que los gatos antes que ellos, los zorros también se reprodujeron de forma espectacular, cazando también a muchas especies de aves. La disminución progresiva de las aves hizo aumentar el número de insectos dañinos para los árboles y los eucaliptos. Los australianos entonces decidieron salvar a los eucaliptos cazando a los koalas, responsables, en su opinión, de la desaparición gradual de los bosques. Se arrepintieron a tiempo, justo antes de exterminarlos a todos.

La ciencia, “al rescate”.

Después de esta increíble muestra de necedad humana, se apostó por el caballo de batalla de nuestra especie: la ciencia. La primera herramienta utilizada fueron cebos envenenados con estricnina. La población de conejos se redujo, pero no lo suficiente. Luego se comenzó a electrificar a cientos de kilómetros de territorio para detener el avance de los animales. Se construyó el famoso Rabbit Proof Fence, una valla que atravesaba el país a lo largo de 1.830 kilómetros, pero la población de conejos continuó creciendo. Al final, cansados y decepcionados, los australianos se dedicaron a la guerra bacteriológica.

En los años 50 se inoculó el virus de la mixomatosis. Transmitida por mosquitos y pulgas, la mixomatosis sólo afecta a los conejos y en dos años mató a 500 millones de ejemplares. Sin embargo, en poco tiempo los roedores se volvieron resistentes a la enfermedad y empezaron de nuevo a reproducirse como si no hubiera mañana. En los 90 había alrededor de 300 millones de conejos aún más resistentes y Australia tenía una desesperada necesidad de encontrar una nueva arma de defensa.

Infectar a los conejos

En 1995 un grupo de investigadores del gobierno comenzó a realizar experimentos con el virus que causa la enfermedad hemorrágica viral (EHVC), una infección que causa lesiones en pulmones e hígados de los conejos y que en muchos casos los conduce a la muerte. La EHVC manifestó por primera vez en China en 1984 y (hasta que se demuestre lo contrario) el virus sólo afecta a los conejos, que mueren dentro de 30 o 40 horas después de la infección.

Pero este año han dado un pasito hacia delante, un pasito que puede desencadenar más problemas que remedios.

Según el periódico El País:

“Las autoridades han propagado ahora, en unos 600 puntos de la isla, la nueva cepa K5 del conocido virus de la enfermedad hemorrágica del conejo. La cepa, denominada científicamente RHDV1 K5, se ha aislado en Corea del Sur y solo afecta a los conejos silvestres. “Es mucho peor que el ébola. El virus resiste meses activo en el medio ambiente. Los conejos mueren en 48 horas y la mortalidad alcanza el 90%”, explica el virólogo Francisco Parra, de la Universidad de Oviedo”.

¿Y si llega a España?

Hoy en día podemos estar en menos de 24 horas en cualquier parte del mundo, y no es la primera vez que transportamos algo con nosotros y no nos damos cuenta. Lo que puede ser una posible herramienta para erradicar un problema en otro país, puede ser una sentencia de muerte para algunas de las especies más significativas y representativas de nuestro territorio. La llegada del virus en cuestión y su propagación haría disminuir las poblaciones de conejos, ya bastantes mermadas, haciendo que depredadores como el Águila Imperial o el Lince Ibérico, que son bastantes dependientes de esta presa, tengan dificultades para alimentarse, lo que deriva en una pérdida de ejemplares, mayor probabilidad de enfermar, mala o nula reproducción, etc.….  lo que lleva a una bajada general del número de individuos.

En el caso del Lince estaríamos hablando, directamente, entre la existencia o no de esta especie. Así de simple, así de peliagudo.

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