Investigar en España y no morir en el intento

¡Buenos días amigos de Curio! Hoy os traemos un artículo de nuestro compañero Enrique Baleriola, investigador de la Univeristat Autònoma de Barcelona que desarrolla su tesis centrándose en las implicaciones sociales y políticas que conllevan las prácticas relacionadas con la salud, la biomedicina y epidemias. Apasionado por divulgar el conocimiento y hacer de este un mundo mejor, Enrique escribe para Anthropology of the Bios además de para su propio blog en el que podéis encontrar su libro. Esperamos que os guste su colaboración y, ¡no olvidéis compartir!

“Hace algo más de dos años, escribí el libro Hacer Investigación y No Morir en el Intento. Tras unos dos meses escribiendo, lo que en un inicio iba a ser una respuesta a cómo investigar sin, efectivamente, morir en el intento; finalmente se convirtió en un manual con toques autobiográficos en el que trataba de recoger de la forma más útil posible todo aquello que consideraba fundamental conocer para una chica o un chico que estaba acabando un máster y quería dar el salto al doctorado.

Y no es que la intención inicial fuese opuesta al resultado, pero es cierto que el objetivo, pese a aparecer por aquí y por allá en momentos concretos, se me desvió un poco…

Es por eso que en este post voy a intentar responder de forma clara y concisa a la pregunta ¿Cómo es investigar (en España) sin morir en el intento? Y sobre este tema, esto es lo que tienes que saber:

No, no va a ser fácil: es cierto que un profesor de universidad o un investigador no puede compararse en esfuerzo físico a lo que hacen los superhéroes (porque para mí lo son) de los camareros, las cocineras, las limpiadoras, los y las dependientes, o el autónomo que abre su negocio todos los días a las ocho de la mañana. El esfuerzo de nuestra profesión se basa en sobrevivir a un constante bombardeo de presiones, juegos políticos, tareas superficiales, partidas de dinero que no llegan, y un constante etcétera. Así desde que empieza el doctorado hasta que nos jubilemos.

Sí, a pesar de eso es muy reconfortante: aunque solo puedo hablar desde mi punto de vista y no puedo generalizar, considero que, si realmente esta es tu vocación, si no entras en un doctorado “por hacer algo”; la recompensa de toda esa presión merece la pena. Y no, la recompensa casi nunca va a ser más dinero, ascender profesionalmente o un reconocimiento social. Más bien será solo (nótese la ironía) el agradecimiento de un alumno que ha aprendido algo gracias a ti, cambiar algo muy pequeñito en el mundo gracias a las aportaciones de tu investigación, o conseguir publicar un artículo después de que te lo rechacen en tres revistas distintas.

-El camino es largo: la crisis, la cultura general de España donde casi todo lo que se financia está por delante de la investigación, la gran competencia entre investigadores, la propia lógica del mundo académico… todo esto (y otros muchos factores) hace que desde que empezamos el doctorado hasta que tengamos un empleo estable puedan pasar diez años. Y en esos diez años seguramente tengas que hacer estancias en otras universidades, pasar dos, tres o cinco años en otro país; y estar rellenando currículums normalizados cada pocos meses. ¿Estás preparado?

-Vas a trabajar mucho. Y puede que no cobres. De hecho, aunque te intenten convencer de lo contrario, lo normal, lo que ocurre en la mayor parte de casos, es que no cobres pero desempeñes tareas de un trabajador, y encima haya responsabilidad sobre tus hombros. Sin ir más lejos, yo llevo investigando desde los 19 años, y cuando alguien me ha preguntado que a qué me dedico siempre he dicho que soy un becario sin beca: he tenido la suerte de contar con profesores/investigadores que han confiado en mí desde el inicio, dándome tareas y responsabilidades como a uno más. Pero por motivos de los que ya hemos hablado, habré cobrado por ello unos ocho meses en casi ocho años que llevo investigando. La financiación más importante y numerosa para los doctorandos (los contratos FPU del Ministerio de Educación) financian a 850 doctorandos cada año. Solo en mi universidad más de 1000 doctorandos han defendido su tesis este año. Claramente, lo normal es hacerlo sin medios económicos.

-Abre bien los ojos: la idea ingenua que todos tenemos cuando entramos a un doctorado, es que vamos a estar horas y horas leyendo, escribiendo y con una pipeta en la mano (o lo que se use en tu campo de investigación), y que eso va a ser nuestro futuro durante los próximos tres o cuatro años. Y no es que esto sea falso, pero vas a necesitar abrir mucho los ojos para todo lo que vas a aprender, de lo cual mucho no va a estar relacionado estrictamente con leer, escribir y pipetas: desde cómo trabajar en equipo sin que ya puedas decidir hacer los trabajos tú solo o repartiros en el último momento quién escribe la introducción y quién los resultados; hasta sendos argumentos retóricos sobre cómo vender que tu proyecto es el mejor y el más indispensable. Pasando por leer y escribir en inglés o cómo lidiar con la burocracia, los ministerios, las agencias o las revistas científicas. Ni se te ocurra pestañear o te lo vas a perder.

-El tiempo pasa rapidísimo: Si aún no has empezado el doctorado, piensa en los últimos cuatro años de tu vida: Te ha dado tiempo a vivir muchas cosas y habrás cambiado un montón, ¿verdad?. El doctorado, nadie sabe cómo, va a pasar en un abrir y cerrar de ojos (por eso también lo de no pestañear). El primer año te lo pasarás aprendiendo, acomodándote y adaptándote a lo que tu grupo de investigación pida de ti. El segundo año empezarás a “volar solo” escribiendo tus primeros artículos y conferencias, tomando tus primeras decisiones… El tercer año tendrás que escribir y defender tu tesis. Y ya, eso es todo (siempre que no tengas financiación que te permita ampliarlo a un cuarto año). La pregunta es: ¿Cómo hacer todo esto en tan poco tiempo? Cada cual tiene sus trucos y al final el 99% de la gente lo consigue, pero tendrás que espabilar… y rápido!

Y eso es todo (por ahora). Muchas gracias a los miembros de CurioBlogsite por su invitación a colaborar con su blog (y enhorabuena por tan magnífica página), y espero que todas y todos vosotros me hagáis el favor de no morir en el intento de investigar en este nuestro país. Pase lo que pase, sea quien sea quién os intente desilusionar… porque como siempre digo: no van a dejar de pisarte, y no, no va a ser fácil; pero si investigar es realmente tu vocación, siempre encontrarás la forma de volver a ponerte en pie.”

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