Herpetofauna (I): psicodélico

Pues sí, parece que los astros se han alineado y vamos a tener artículo sobre zoología, ¿el motivo de mi ausencia estos meses? Principalmente que no tenía ni tiempo, ni ganas de escribir y, para hacer las cosas mal, mejor no hacerlas. Últimamente he estado saliendo bastante al campo y eso ha hecho que vuelva la inspiración, así que he decidido poner a mi pequeño y retorcido cerebro a trabajar. Colocad el culito en un asiento cómodo, poneos las gafas para ver “de cerca” y disfrutad.

Si tuviese que describir al animal del que voy a hablaros hoy con una única palabra, seguramente sería “psicodélico”. Y es que nos encontramos con un ser de aspecto inconfundible, con el cuerpo comprimido lateralmente, una cola prensil, extremidades largas y delgadas con dedos oponibles en disposición 3+2, ojos prominentes e independientes entre sí, cabeza con casco que acaba en una cresta curvada, una lengua tan larga como la longitud total de su cuerpo cuyo extremo acaba en forma de maza pegajosa y, por si fuera poco, cambia de color (gracias a sus cromatóforos, células pigmentadas muy molonas) dependiendo de su estado reproductor, estado de ánimo y necesidades de termorregulación. Una puta pasada.

Para los que no sabéis a qué animal me refiero, os daré una última pista, su nombre empieza por “cama-” y termina por “-león”. Si aún no lo adivináis, vuestra adicción al pegamento os ha pasado factura y necesitáis ayuda de un profesional.

Los que no tenéis ningún tipo de adicción destructiva y gozáis de una capacidad de deducción normalita seguro que lo habéis acertado, me refiero al camaleón y, aunque las características que he mencionado anteriormente son aplicables a la mayoría de las especies (alguna excepción hay por ahí), yo me centraré en el camaleón común Chamaeleo chamaeleon.

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Imagen 1. Ejemplar de camaleón común sobre una rama. Fotografía propiedad de Germán Franco Polo, si se te ocurre usarla sin mi permiso haré que te empapelen, cosillas de los derechos de autor.

El camaleón común es, sin duda, uno de los reptiles más jodidamente maravillosos de la herpetofauna ibérica. Esta joya de animal se distribuye por puntos concretos del sur de la Península Ibérica, así como en Malta, Italia, Creta, la costa mediterránea africana y el sur de la Península de Anatolia. Sitios donde el fresquito abunda (nótese la ironía), esto se debe a que es un reptil tremendamente termófilo, puedes encontrar camaleones a las 14:00 en pleno mes de Agosto en un día de terral malagueño (aire calentito que hace que se te caigan las pestañas) subidos en lo más alto de una retama soleándose, mientras el resto de reptiles están escondidos debajo de piedras y troncos para no tostarse.

¿Qué ocurre si encontramos un camaleón en Madrid, por ejemplo? Pues que algún “espabilao” ha decidido llevárselo de recuerdo tras sus vacaciones veraneando en el litoral andaluz, se ha dado cuenta de que es un animal que puede tener muy mala leche y ha decidido soltarlo, condenándolo a morir en cuanto llegue el frío invierno. En este caso hay que avisar al SEPRONA para que se encargue del animal y de empapelar al “espabilao”. Esto afortunadamente es cada vez menos frecuente, aun así las poblaciones de camaleón siguen sufriendo la destrucción de hábitat y los atropellos, no obstante la especie muestra una lenta expansión (son lentos para casi todo).

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Imagen 2. Un camaleón común atropellado en un carril. Fotografía propiedad de Germán Franco Polo, si se te ocurre usarla sin mi permiso haré que te empapelen, cosillas de los derechos de autor.

Su hábitat favorito son las dunas costeras y los retamares mediterráneos donde abundan los insectos, base de su alimentación. Y es a la hora de alimentarse cuando el camaleón se pasa su lentitud por la cloaca, ya que para capturar a sus presas proyecta su larga lengua a tal velocidad que solamente las cámaras de alta velocidad son capaces de captar el momento con todo detalle.

Son animales diurnos, solitarios y territoriales. En la época de celo (Julio-Septiembre) los machos se tornan muy agresivos con sus congéneres, especialmente si hay alguna hembra de por medio. Lo más probable es que el macho cachas de la retama sea el pretendiente ganador, en cuyo caso morderá apasionadamente a la hembra y a partir de aquí todo es lujuria y desenfreno reptiliano. Para realizar la puesta la hembra bajará a tierra y excavará un agujero a los pies de algún arbusto, en este depositará hasta 30 huevos que eclosionarán en el verano siguiente. Imaginaos el tostón que tiene que ser cavar un agujero con esas patitas, no es de extrañar que esta ardua tarea llegue a ocupar una noche entera, de hecho algunas hembras no superan el tremendo agotamiento post-puesta y mueren al finalizarla.

¿Qué más queréis que os cuente? Es un animal simplemente alucinante, si tenéis la suerte de ver alguno observadlo sin molestarlo, en el caso de que os muerda puede tardar bastante en soltar y, aunque no va a destriparos ni a esparcir vuestros restos por el retamar, no es agradable.

En resumen: los camaleones molan mucho y, como cualquier ser vivo, merecen nuestro respeto.

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Imagen 3. Detalle de la cabeza de un camaleón común. Fotografía propiedad de Germán Franco Polo, si se te ocurre usarla sin mi permiso haré que te empapelen, cosillas de los derechos de autor.

P.D. Si descubro, querido lector, que eres de esos “espabilaos” que se dedica a secuestrar camaleones o a cualquier animal para condenarlo a una muerte segura, seré yo quien te secuestre a ti y no te gustará.

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