Conodonto: del enigma al fósil

¡¡¡Buenos días amigos de CurioBlogsite!!!

Hoy traemos un artículo de misterios, antigüedades, biología y descubrimientos…

Luís Collantes es Geólogo por la Universidad de Huelva, estudiante del Máster en Paleontología Aplicada (de los de verdad) en la Universitat de València, investigador del Grupo de Geociencias Aplicadas “GAIA” y divulgador científico que con su cuenta Geólogo en prácticas ha conseguido enseñarnos mucho acerca de su mundo. Y, además, ha querido colaborar con nosotros y hablarnos de estos maravillosos animales: los conodontos.


 

Incertae sedis

No es extraño para un paleontólogo, y más cuando hablamos de rocas del Paleozoico, sacar a la luz organismos de afinidad o categoría taxonómica incierta. Pero al observar la abundancia y recurrencia de algunos de estos organismos en el registro fósil, uno se plantea la posibilidad de sacarles partido y utilizarlos como “herramientas de trabajo”, independientemente de su filogenia.

Este fue, en un inicio, el caso de los “elementos conodontos” (Fig. 1).

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Figura 1: Fotografías de elementos conodontos extraídas de Conodonts from the Glen Dean Formation (Chester) of the Illinois basin (Rexroad, 1958).

 

La historia de un enigma

En 1856, el biólogo rigués Christian H. Pander describió por primera vez una especie de microfósiles compuestos por apatito (fosfato cálcico) con un cierto parecido a los “dientes de un vertebrado” (Fig. 2). Con el paso de los años, estos microfósiles se volvieron tremendamente abundantes y diversos, por lo que eran usados recurrentemente por los geólogos y paleontólogos para datar y correlacionar estratos con gran precisión, en pleno auge de la Cartografía Geológica de cara a la prospección de petróleo. Sólo tenían un problema: nadie era capaz de asignarlos a un organismo concreto.

Algunos afirmaban que eran peces primitivos, otros decían que eran más afines a los gusanos, e incluso se llegó a debatir si eran algún tipo de estructura vegetal (cf. Knell, 2012). Conforme los estudios avanzaban, más y más formas salían a la luz, hasta tal punto que llegaron a formarse escuelas dedicadas únicamente al estudio de los conodontos, cuyos artículos estaban enfocados en su totalidad a los avances relacionados con estos pequeños microfósiles fosfáticos, provocando en el mundo de la Paleontología una “fiebre de los conodontos” que se extendió durante más de un siglo.

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Figura 2: Lámina 2 extraída de Monographie der Fossilen Fische der Silurischen Systems der Russisch-Baltischen (Pander, 1856), primer trabajo en el que se describen los elementos conodontos.

 

Y el enigma se hizo fósil

Y, al igual que otros grandes descubrimientos de la Historia, fue la casualidad la que desveló el misterio. En 1983, el conservador de un museo escocés encontró en un cajón el fósil de un pequeño organismo de cuerpo alargado que se encontraba sin catalogar (Briggs et al., 1983). Al estudiarse con mayor detalle, se observó que dicho fósil estaba rodeado de una gran cantidad elementos conodontos de una morfología similar. El estudio en profundidad de dicho espécimen determinó que dichos elementos conodontos estaban asociados al organismo en cuestión, haciéndose oficial el nacimiento del “animal conodonto” (Fig. 3).

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Figura 3: Primer espécimen de conodonto históricamente documentado procedente del Carbonífero inferior de Escocia. Fotografía del Dr. R. J. Aldridge.

 

Pero entonces ¿qué son los conodontos?

A día de hoy está globalmente aceptado que los conodontos eran una clase de pequeños cordados marinos, asignados con dudas al grupo de los agnatos, con una morfología similar a la de las actuales anguilas, con grandes ojos y una serie de elementos dentiformes (elementos conodontos) dispuestos de forma bilateralmente simétrica. Pese a su siniestra apariencia, se piensa que eran organismos filtradores cuya dieta se basaba en el plancton, aunque todavía no se tiene clara la función exacta de los elementos conodontos (Fig. 4).

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Figura 4: Recreación del conodonto Promissum pulchrum. Ilustración de Nobu Tamura, 2015.

 

Los conodontos habitaron los mares desde el Cámbrico inferior hasta el Triasico superior, cuando se extinguieron definitivamente. Su rápida evolución y diversificación, junto con su abundancia, les confiere un gran valor desde el punto de vista bioestratigráfico. Es decir: permiten datar los estratos con gran precisión y correlacionarlos con otros estratos muy distantes entre sí geográficamente. Es por ello que su estudio ha sido crucial para el desarrollo de la Geología y la Paleontología, siendo uno de los “fósiles guía” más útiles a la hora de trabajar con rocas del Paleozoico.

Los conodontos y el ¿petroleo?

Pero no sólo son útiles para datar las rocas. De hecho, poseen una cualidad que los hace todavía más especiales: son unos magníficos paleogeotermómetros.

Resulta que el hidroxiapatito del que están compuestos los elementos conodontos, al experimentar diferentes grados de temperatura, fruto de la diagénesis de la roca, se altera y cambia de color. ¿De qué nos sirve esto? Pues bien: si comparamos el color de alteración de ciertos conodontos con el grado de alteración térmica de las rocas, podemos establecer relaciones entre dicho color de alteración y el estadio maduración térmica de las rocas propensas a contener hidrocarburos.

Dicho de otra manera: si encontramos conodontos con un color de alteración determinado, podemos saber si esa roca puede albergar o no petróleo. Es por ello que las compañías petrolíferas cuentan entre sus filas con un gran número micropaleontólogos expertos dedicados a estudiar exhaustivamente sondeos de prospección en pos de encontrar los niveles de maduración térmica adecuados. Tanto es así, que se han llegado a desarrollar tablas e índices del color de alteración de estos elementos conodontos, de cara a facilitar el trabajo y así agilizar las prospecciones (Fig.5)

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Figura 5: Índice de color de alteración de los conodontos según Epstein et al. (1987).

Y esta es la historia de cómo un organismo pasó de ser uno de los misterios más enigmáticos de la historia de la Paleontología a uno de los fósiles más importantes para la Comunidad Científica y la industria del petróleo.

Referencias

Briggs, D. E. G,  Clarkson, E. N. K & Aldridge, R. J. 1983. The conodont animal. Lethaia, 16, 1-14.

Epstein A. G., Epstein J. B. & Harris L. D. 1977. Conodont Colour Alteration- an index to organic metamorphism. United States Geological Survey Professional, Washington, 995, 1–27.

Knell, S. J. 2012. The Great Fossil Enigma: The Search for the Conodont Animal. Indiana University Press, Bloomington, 440 pp.

Pander, C. H. 1856. Monographie der Fossilen Fische der Silurischen Systems der Russisch-Baltischen. Buchdruckerei der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften, 91 pp.

Rexroad, C. B. 1958. Conodonts from the Glen Dean Formation (Chester) of the Illinois basin. Illinois State Geological Survey, 209, 27 pp.

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