Las vacunas y el autismo – el resultado de un muy mal periodismo y un penoso “científico”

Que el número de personas que sienten rechazo frente a las vacunas va aumentando es una realidad y es algo que los científicos no sólo tenemos que criticar, sino que también tenemos que ponerle freno, qué mejor modo que la divulgación.

Antes de nada dejar claro que, aunque trabajo en el campo de la inmunología estoy fuera de empresas farmacéuticas y trabajo por y para el conocimiento.

Las vacunas, grosso modo, es un método por el que presentamos a las células de nuestro sistema inmune pequeños trozos de los microorganismos que nos causan las enfermedades para que así los reconozcan si aparecen y sea mucho más fácil combatirlos. Por hacer alguna analogía, es ese trozo de tela que se le da a un perro policía para que busque un olor similar y encontrar a una persona. Algo tan sencillo y que, en el peor de los casos, te causa fiebre por la reacción del sistema inmune, es el único método que tenemos para luchar frente al sarampión, la varicela o la hepatitis.

Aunque el periodismo fue el detonante del problema, porque está claro que si hay 1 cosa mala entre 1 millón de cosas buenas, será la mala la que salga en las noticias, el culpable de este alboroto fue Andrew Wakefield, un ex-médico de Bath (Inglaterra) quién publicó un artículo ya desmentido (del que os dejo el link The lancet – Retracted Andrews Wakefield research) en el que tenía como pacientes a 12 niños y relacionaba que la vacunación contra el sarampión, la rubeola y las paperas (9 de ellos); una infección por sarampión (1 de ellos) y dos otitis (2 de ellos) causaba autismo, psicosis desintegrativa y encefalitis; y la aparición de tumores en el sistema digestivo. El artículo presenta una falta de rigor científico absoluta al mezclar tantísimas variables que pueden cambiarlo todo, una independientemente de la otra, y querer sacar conclusiones causales y reales, pero es que además fue acusado de malos tratos a los niños que formaron parte de su estudio, haciendo que las malas prácticas oscureciesen aún más a este “investigador”. Por suerte, en 2011 se publicó la desaprobación de sus estudios por malas prácticas (tanto por el trato del paciente, como por manipular la “muestra” de la investigación, ya que por lo visto los pacientes eran hijos de familias previamente seleccionadas entre los grupos antivacunas) , pero también por haber manipulado sus datos, haciendo que sus resultados sean totalmente falsos.

Conclusión, las vacunas pasan muchos, muchos, pero que muchos controles para ser lanzadas a su uso, pero además, son muchas las personas que pasan, no decenas de años, sino su vida entera luchando por encontrar la cura o la vacuna para una enfermedad para que tu vengas ahora a decir que las vacunas causan autismo porque una persona, publicó en 1998 que eran malas y hace ya 8 años se desacreditó.

Por favor, hagamos del mundo un lugar más seguro y más científico en el sentido de la curiosidad, es necesario ir a las fuentes y verificar si lo que nos cuentan es cierto, ya que los titulares suelen ser muy sensacionalistas y vendernos una idea que no siempre tiene que ser cierta.

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